Carlos Alberto Itza, doble víctima de la violencia del feminicidio, tanto por el asesino, como por las autoridades

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Chetumal, Quintana Roo.- México es un país que se cuenta por sus cifras, en el caso de los feminicidios, las cifras son apabullantes. María Salguedo, creadora del mapa de feminicidios en México, documenta que de enero a abril de 2018, en México se han asesinado a 950 mujeres. Una cifra que escandalizaría a cualquier nación, no en México.
Aunado a los feminicidios, hay una victimización de las familias de las mujeres asesinadas, que en muchos casos se encuentran sin la ayuda, protección y auxilio de las autoridades.
Es el caso de Carlos Alberto Itza Cobá, hijo y hermano de doña Bertha y Yutzal, víctimas de una muerte cruel a manos de un joven de 16 años de edad que busca la impunidad.
El presunto asesino, Jesús Elizama propinó 20 puñaladas a la madre de Carlos, cuando esta trato de defender a su hija quien estaba mal herida con otro tanto de golpes y puñaladas que su novio, le había hecho.
“No fue un ataque de rabia o un ataque de celos, o producto de una ataque de locura”, dice Carlos en una carta que ha hecho llegar a Pedro Canché Noticias. Y aclara: “las puñaladas fueron con la intención de provocar la muerte, pues las zonas donde se las propicio sabía que les podía causar más daño y con todo esto sus padres, su hermana, su familia lo escondieron y quisieron hacerle creer a la ciudadanía que lo entregaron”.
El texto que Carlos escribió es demoledor, su mente no descansa pues la justicia hasta ahora le ha sido negada. “Se me vienen a la mente la trágica noche con los difíciles momentos de terror que vivieron mi mamá y mi hermanita en manos de ese asesino”, dice y acusa: “ahora, se queda callado disfrutando de lo que hizo y todavía así su familia pide protección, me causa mucha rabia y siento que se me nubla la razón, y son tantas las ganas de exigir justicia, ante la incapacidad o indiferencia de la autoridad”.
Los padres de Jesús han hecho valer su derecho de pedir protección por temor que “el pueblo” les haga daño, las autoridades les han brindado la protección que piden, también para Carlos y su hermanita sobreviviente, aunque él, dolido no solo por este hecho, pide que el asesino reciba un “castigo ejemplar y no sólo 5 años como se difunde en los medios, sino es un préstamo, no es un coche que compró, son dos vidas”.

El apoyo del pueblo

Carlos escribe varias líneas agradeciendo a los pobladores de Felipe Carrillo Puerto, en especial a los colonos de la Leonora Vicario: “Quiero agradecer el apoyo invaluable y moral que he recibido de mis vecinos de la colonia Leona Vicario, quienes también son víctimas de este atroz crimen. Agradezco a mis amigos, a los compañeros de trabajo, la muestras de cariño y afecto con quienes tristemente nos volvimos a reunir ante un hecho indignante. Agradezco el apoyo espiritual que recibí de la Iglesia donde mucha gente me acompañó y compartió nuestro dolor. Gracias a la voluntad de personalidades que tuvieron una muestra de solidaridad con mi familia”.
Agradece al político y próximo edil José Esquivel las condolencias que le hizo llegar y su apoyo. Agradece a todos “los que amablemente apoyaron con los gastos funerarios”.
Y Carlos tiene razón en agradecer a este noble pueblo, que se unió ante la injusticia y con su reclamo y su justo enojo se manifestaron en la fiscalía para reclamar y exigir justicia. Que un hecho así sin precedentes en el municipio no quedara impune. Que el asesino no huyera. Fueron ellos que con su presión social hicieron que las autoridades se movieran de su largo letargo.
Carlos lo sabes bien y les escribe a los pobladores: “ante la intención de querer minimizar el crimen o provocar confusión entre la ciudadanía, fueron ellos, los ciudadanos quienes se manifestaron. Ahora quiero hacerle llegar a la sociedad una invitación para que busquemos ser un mejor Carrillo Puerto”.
Carlos sospecha que se “orquesta algo turbio, que el exdiputado Elizama está ejerciendo sus influencias para que en Chetumal sea beneficiado y no sea castigado como debe ser su hijo asesino, que se diga que es menor”.
En su dolor vuelve a acusar: “Es triste ver como las autoridades de los diferentes niveles de gobierno, difunden que hay mejores oportunidades para todos, que hay apoyo a la mujeres indígenas, que hay protección a las víctimas, que se hacen los días naranjas para disque evitar la violencia hacía la mujer, y cuántas cosas más que sólo son para tomarse la foto, subir al face y darse publicidad. Hoy pueden ustedes comprobar que nada de esto es real, pues son testigos de que no habido tal asistencia. Creo porque somos de origen humilde y no somos del ambiente político como lo es la familia del asesino Elizama. Para recibir un apoyo hay que rogarle a los que el pueblo le dio su confianza, y quieren que les digamos funcionarios”.
La victimización de los familiares de feminicidios son un hecho. Carlos es ejemplo de ello, quien ha tenido que sortear toda una serie de trámites para poder obtener un Acta de Defunción. Lo hizo sin la asistencia legal de nadie. El enojo de Carlos también se dirige a la actual presidenta municipal, Paoly Perera: “mientras que la presidenta Paoly, recibiendo disque reconocimientos por el trabajo en Carrillo y de quien no he escuchado ningún pronunciamiento del crimen que se cometió en este municipio, donde dice quererlo y que apoya a las mujeres, mi mamá y mi hermanita eran mujeres”.
Carlos también le escribe al gobernador Carlos Joaquín González: “Al gobernador parece no impórtale lo que acontece, anduvo de gira en comunidades del municipio, pero ningún posicionamiento, será que las mujeres mayas o las que son víctimas no les importa”.

¿Impunidad?

El mayor miedo de Carlos es que el feminicidio de su madre y hermana queden impunes, así lo expresa: “el papá de Jesús Elizama fue diputado y actualmente dirigente de la CNC, entonces él gozará de más privilegios, que ejemplo está dando a la sociedad, donde les importa más proteger a un asesino. De ser cierto que sólo 5 años le interpondrán de pena máxima. Él las encerró en mi casa, eso se llama secuestro, privación ilegal de la libertad, hay más delitos que se cometieron no sólo el feminicidio, que hasta puede catalogarse como feminicidio colectivo. Pido a la gente que no me dejen sólo que me ayude a buscar orientación y asistencia legal para seguir el juicio”.
Los miedos de Carlos son bien fundados, las estadísticas que arroja las distintas investigaciones académicas o de organismos de Derechos Humanos concuerdan en que de cada diez feminicidios solo uno es procesado por la ley. Carlos no quiere que la muerte de su madre y hermana queden impunes. “Quiero creer en la acción investigadora de la fiscalía que pudo atrapar al asesino, y que de algún modo se libró del descontento del pueblo maya de Carrillo. Aunque se quiso esconder y huir no lo logró, y ahora debe pagar y ser castigado”, confiesa.

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