OBSERVATORIO: El laberinto de Carlos Joaquín en el pragmatismo y la hora de los cambios

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Por Pedro Canché Uicab

Con los dos años en el gobierno, Carlos Joaquín ha pagado sus deudas políticas tanto con grupos e individuos locales y nacionales.

Es ahora cuando debe consolidar sus acciones. Estos dos siguientes años son clave para esto. Los últimos dos años solamente tendrá el gobernado pensamiento para el próximo sexenio.

Está echando a su política una dosis de pragmatismo. Eso es bueno.

Por ejemplo ha invitado a los alcaldes del PRI a sumarse a su gabinete. Tanto a José Baladez ex alcalde de José María Morelos como a Paoly Perera ex alcaldesa de Felipe Carrillo Puerto los ha invitado a colaborar con él.

Hay votos duros de ese PRI. Y Carlos Joaquín los va a necesitar en 2019 en la XVI Legislatura. Incluso hay oferta para traer a su gabinete a Remberto Estrada si este se anima y a Emilio Jiménez alcalde de Lázaro Cárdenas. Estos tienen su público. Y hay que aprovecharlos.

Sobre todo esto debilitaría y le daría el macanazo final a los felixcistas y borgistas.

Su pragmatismo debe incluir a morenistas, con estos no tanto por los votos que puedan darle en 2019 en la renovación del Congreso ( total los votos del paraguas AMLO se diluyen poco a poco en el país, la fiebre baja como sucede con todo lo que sube) sino para diversificarse en Quintana Roo.

Por lo tanto estos son los cambios que debería hacer en su gobierno. A Cristina Torres, una mujer bastante hiperactiva-positiva en la política debe colocarla en la Secretaría de Gobierno y aprovechar el talento de Francisco López Mena en la cartera de Turismo. Aunque también tiene a Miguel Ramón Martín Azueta.

Luís Torres un hombre fogueado en el escenario político con victorias y derrotas puede ponerlo en la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESO). Tiene la paciencia y olfato para ese campo. O tal vez ponerlo en la Secretaría de Desarrollo Rural y Pesca (SEDARPE) y al actual titular Pedro Pérez Diaz reforzar al cien por ciento a su cónyuge Sofía Alcocer en la alcaldía de José María Morelos.

Si no tiene el dominio del Congreso difícilmente podrá en la recta final de su gobierno consolidar los proyectos del joaquinismo.

En las elecciones de 2018 el gobernador puso las fichas en las tres coaliciones.

Apostar por todos le sirvió tenerlos con él, salvo los Beristain de Playa del Carmen que de aliados pasaron a enfermarse del poder y mostraron su verdadero rostro, el del felixismo-borgismo. Y no lo digo por la crisis de ingobernabilidad en Solidaridad ahora. Lo digo por los nefastos de no grata memoria que arropa con mucho amor Laura Beristain como Carlos Arturo Álvarez Escalera, Ludwing Vivas Arjona, el capitán Arturo Mendiola y Niza Puerto por ejemplo.

Además debe consolidar a sus aliados que le funcionan y no dar por hecho que los tendrá en la canasta siempre.

En el Congreso se votó por el C4 de Solidaridad si este debe estar con el Gobierno del Estado o el municipio de Laura Beristain.

Le pregunté a Emiliano Ramos por qué votó a favor de Laura Beristain si no es afín a ella. Le pregunté si era en represalia porque no se haya aceptado el registro del Partido de su padre Salvador Ramos, el Movimiento Alterno de Renovación (MAR) y me comentó que fue puesto al Congreso y con la línea de votar por funcionarios de tercera que sirvieron de recaderos.

Voten esto y ya. Entonces al no haber cabildeo ni de Juan Carlos Pereyra, el representante y cabildero político de Carlos Joaquín ni de Francisco López Mena, Emiliano Ramos votó en contra y opinó que el C4 debe estar bajo el dominio de Laura Beristain.

Su hermano Alejandro Ramos fue dado de baja de la dirección de transporte al día siguiente. El no registro de MAR y Alejandro al banquillo le manda un mensaje a los Ramos aunque quizá no sea esa la intención del gobernador.

Le pregunté a Alejandro Ramos y con filosofía me dijo que los cambios son saludables y que Francisco López Mena le dijo que lo tendrán en cuenta en futuros puestos políticos. Quizá un consuelo como ocurre en las oficinas de Recursos Humanos…

Si ya empezó a sacudirse de sus aliados que le sirvieron y consolidar su equipo no importa en el caso de los Ramos o cualquier otro. Pero qué consolide un grupo que le marque y funcione el resto del sexenio.

En la historia de Quintana Roo nadie se acordará de Francisco López Mena ni de Juan de la Luz ni de Julian Ricalde sino hablará de un responsable y es Carlos Joaquín. Tiene el temple. Hay una mega deuda y su gobierno lo paga y ve cómo se diluye el dinero en intereses. Pero avanza el Gobierno con esa disciplina financiera.

En Finanzas poner como tesorera a María Luisa Alcérreca a horas de terminar su mandato como alcalde interina manda el mensaje de consolidar un grupo fuerte en su gobierno. Que haga los movimientos del ajedrez.

En el enfrentamiento en la elecciones de 2018 entre los ricaldistas con Carlos Joaquín cuando el topo Jorge Aguilar se empecinó en colocar al “Chanito” José Luis Toledo Medina como candidato de la coalición PAN-PRD y hasta resultó beneficiado un homónimo como regidor Jose Luís Toledo, pensamos que como el PRD hasta ahí llegaría la carrera política del Topo.

Sin embargo, Carlos Joaquín acordó y recomendó a Jorge Aguilar en el puesto de Segundo de abordo como secretario general del Ayuntamiento de Benito Juárez con Mara Lezama. Lo resucitó y lo lanzó al estrellato.

En tanto Emiliano Ramos, cuya esposa Paola Moreno llegó a regidora con la recomendación joaquinista se quedó milando como su eterno rival y enemigo de su mismo partido se frota las manos en un municipio que peleó para ser candidato y con línea y su orgullo fue apelando de Tribunal en Tribunal para que por la falta de residencia el “Chanito” no sea candidato.

En Playa del Carmen los Chanos, el grupo fuerte sobreviviente del clan Félix-Borge llegaron en serio y están detrás de los bastidores moviendo a Laura Beristain. Y sigue la lucha de poderes.

A veces ese pragmatismo joaquinista es muy difícil de interpretar. A los amigos nada y a los enemigos todo.

Está en el momento Carlos Joaquín de consolidar ese equipo fuerte que lo marcará. Está bien una dosis de pragmatismo. Pero ni tanto…

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