Mario Renato Menéndez ofrece mentiras indecentes y asquerosas: Carlos Ferreyra Por Abraham Gorostieta

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En el periodismo existen y abundan los farsantes e impostores, me ha contado una y otra vez don Carlos Ferreyra, periodista de la vieja guardia que trabajó con los grandes personajes del periodismo en México. Con don Julio Scherer en el mítico Excélsior, con don Manuel Becerra Acosta en el imprescindible Unomásuno, con don Jacobo Zabludowsky en Televisa. Amigo de don José Pagés Llergo, de Francisco Martínez de la Vega, de Manuel Buendía. De las leyendas del periodismo mexicano, él mismo, una leyenda en vida.
Ahora, a 50 años de la matanza del 2 de octubre en Tlatelolco, muchos reporteros de ese entonces quieren colgarse medallas que no les corresponden. Uno de ellos es Mario Renato Menéndez Rodríguez, el director y dueño del periódico Por Esto!, quien con una desfachatez se ha dicho “paladín de la democracia” y apelando a la desmemoria, ha querido hacer pasar un trabajo que no es suyo, como suyo.
Mario Renato Menéndez Rodríguez, en el 50 aniversario de esa fecha, herida abierta aún en nuestra Historia, quiere sacar proveche y de paso, hacerse pasar por el gran periodista que nunca lo ha sido.
Reproducimos con autorización de Carlos Ferreyra su Columna De memoria:

De memoria
Carlos Ferreyra
Las grandes mentiras

Los periodistas son más grandes que las verdades. Al menos así piensa Mario Menéndez Rodríguez, propietario del diario del sureste Por Esto quien inventa una verdad que resulta asquerosa por falsa y porque atropella la verdad en la forma más indecente posible.
Veamos: anuncia la reedición de la revista Por qué? en la que resume el conflicto del 68 apenas a su inicio. Olvida, de entrada, que ese ejemplar lo escribió íntegramente quien suscribe este texto. Mario se encontraba en Suramérica en uno de sus frecuentes periplos en busca de las guerrillas. Mi compañero de agencia, Prensa Latina, Sergio Pineda, chileno, estaba en Perú donde se gestaba un golpe de Estado encabezado por el general Juan Velasco Alvarado. Ambos volvieron antes del 2 de octubre.
Más: la publicación nació cuadrada, en papel couché, colorcitos y con dos portadas. De un lado, “Cuartel de caballeros” con modas y tarugadas similares para burguesitos y del otro la publicación con textos de tipo analítico, no necesariamente políticos.
Inmanejable, con el pretexto de los primeros actos de rebelión, y luego el 2 de octubre y la masacre, se vio la conveniencia de cambiar a una revista en papel revolución, corriente, con tintas baratas verdosas y blanco y negro. Sin adornos.
Al regreso de ambos, nos reunimos en mi oficina de Reforma 34, tercer piso, donde ellos se fueron a hacer lo que mejor sabían, tragar como energúmenos mientras me dejaban en encargo de hacer un material corrido, lo que se viniera a la mente de los sucesos que conmovían al país y trascendían al exterior.
El resultado fue un número monográfico que quedó como preparatorio del que sería el número del 3 de octubre, donde aparecieron las fotos de Armando Salgado Salgado tomadas en la Tercera Delegación. Los famosos 32 cadáveres incluyendo los tan elogiados restos de una edecán olímpica a la que llevaron al altar de la Patria. Era bonita, el resto eran morenos y feos. Güerita, hasta película le hicieron además de una novelota.
En su invitación a adquirir el número anunciado, la empresa de Mario dice con un cinismo y una audacia ejemplar que “Hace cincuenta años, jóvenes decididos, de provincia la mayoría de ellos, decidimos sumar fuerzas y practicar el Periodismo Auténtico, presididos por las enseñanzas de dos grandes del Periodismo Yucateco: Don Carlos R. Menéndez y Don Mario Menéndez Romero.
“Por etapas se llegó a la Ciudad de México, donde sumaron fuerzas con compañeros llegados también de la Provincia: Yucatán, Veracruz, Michoacán, Tabasco, Cuba…
“De ahí surgió la Revista Sucesos para todos, para luego dar el salto a POR QUE?, inscrita esta última revista semanal en la etapa de un Periodismo Heroico y combativo, decidido a todo para informar con la Verdad, hasta sucumbir ante bombas, granadas, incendios. Cárcel y tortura que terminaron en un Exilio que se transformó en la Universidad de la Vida más extraordinario al que puede aspirar un ser humano: el “destierro” en el seno mismo de la Revolución Cubana”.
Mentira absoluta, total. La revista era propiedad de Gustavo Alatriste, quien tuvo como directores en breve tiempo, a Gabriel García Márquez y luego a Raúl Prieto, alias Nikito Nipongo el que imprimió su carácter combativo y de denuncia. Allí abrió las puertas para que Menéndez iniciara un largo periodo de reportajes entre las guerrillas de Venezuela, Guatemala y Colombia, donde lo apresaron, lo torturaron y lo enviaron a México.}
Por las ambiciones de Nikito, en ausencia de Alatriste se intentó formar una asociación de colaboradores con asesoría legal para convertirla en cooperativa. El cabecilla, claro, era Raúl quien en dos semanas consecutivas intentó que el presidente de la naciente agrupación fuera un extraordinario reportero (perdido para el oficio, desafortunadamente) Eucario Pérez. Las votaciones las gané yo lo que era entendible: un par de años fui el secretario particular del empresario.
Indignado, Prieto suspendió el intento y se retiró con sus simpatizantes. El resto fuimos a ver cómo iría a ser el siguiente número. Sorpresa: habían vaciado los archiveros, se llevaron textos, fotos y todo lo referente a la publicación. Tuvimos que partir de cero mientras me comunicaba a Buenos Aires para darle la mala nueva al propietario al que anuncie, además, que provisionalmente había adjudicado la dirección a Mario Menéndez.
Gritos y amenazas a pasto del asustado Alatriste que ya veía a su revista en el clandestinaje total. Mi primera intención fue nombrar a Juan Duch Colell, un catalán extraordinario que se negó porque, me explicó, era miembro del Comité Central del PCM y sería suficiente para afectar a la publicación.
Hasta allí la enorme, monstruosa mentira de quien ahora se piensa creador de una publicación que tenía medio siglo de existencia en manos de Jordi Sayrols y la que bajo la dirección de Nikito Nipongo, alcanzó su mayor nivel de ventas situándose casi al parejo que Siempre.
Lo recuerdo con especial satisfacción: de 80 mil ejemplares distribuidos en la capital, menos de 800 eran de devolución. Impensable entonces, imposible hoy.
Pero hay más que decir y lo diremos en otra entrega.

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